Concepto de pinturas rupestres

Las pinturas rupestres son una expresión dentro del arte rupestre, que se desarrolló alrededor del año 22.000 antes de Cristo, en Europa occidental, evolucionando el hombre primitivo, de grabar sus manos pintadas en las paredes de las cavernas, a pintar los animales que deseaban cazar, en general de modo individual, como mamut, caballo, ciervo, bisonte cabra y reno; siendo pocos los que aparecen en manadas, presumiblemente como buen augurio, y para ejercer poder sobre las futuras presas.

Hay muy pocas representaciones humanas y en los pocos casos que se han hallado, como el “Antropomorfo” de la cueva de Hornos de la Peña, en Santander, se hicieron apareciendo el hombre como si fuera un brujo en una ceremonia de cacería.

Las pinturas eran realizadas en lo más interior de las cuevas, en sitios de difícil acceso. Usaban para efectuar el grabado, buril de sílex y como pinceles para pintar, pelos de animales o fibras vegetales, y otras veces usaban solo sus dedos. Para dar color utilizaban sangre, grasa, huevos, carbón y sustancias vegetales.

A fines del periodo paleolítico se nota un enorme progreso, como lo demuestran las pinturas halladas en las cuevas de Altamira, Niaux y Font-de-Gaume. Los descubrimientos se iniciaron en el año 1875, con las excavaciones de Marcelino de Sautuola en Altamira, cuatro años después, su hija encuentra las pinturas policromas. En 1895, Émile Rivière publica su estudio sobre los grabados parietales o rupestres de la cueva de La Mouthe, en Dordoña. Un año después pinturas similares son dadas a conocer por Daleau, pertenecientes a la cueva de Pair-non-Pair, en Gironda.