Concepto de tragedia

Etimológicamente el término tragedia es griego, derivado de “tragos”, que quiere decir chivo, y “oide” que significa canción, aludiendo al grito agónico del chivo, animal de simbolismo fálico, asesinado en homenaje al Dios Dionisio.

Los griegos llamaban tragedias a las representaciones teatrales de mitos o leyendas, que se hacían en homenaje a ese Dios, en las llamadas fiestas dionisíacas, que se hacían en la primavera. En las tragedias se exponían todas las pasiones humanas: los miedos, la ambición, la culpa, el heroísmo, la fatalidad y la osadía de los que pretendían rebelarse de su destino impuesto; siendo sus protagonistas generalmente, reyes, héroes o semidioses.

El creador de la tragedia griega fue Esquilo, que vivió entre los años 525 y 456 a. C., que entre otras obras fue autor de “Los persas”, “La Orestíada” y “Prometeo”, con un estilo rico en metáforas, representando al Dios Zeus como implacable y exigente. El coro, compuesto por cantores y bailarines frenéticos que se vestían de sátiros o machos cabríos, tuvo con Esquilo gran protagonismo, que fue reducido por Sófocles (495-406 a. C.) con incorporación de mayor cantidad de personajes humanos, a los que les deparaba un desenlace fatal cuando trataban de escapar a los designios del destino. Su gran obra fue “Edipo”.

Otro gran trágico griego fue Eurípides. Entre sus obras figuran “Medea” y “Alcestes”,
donde la dimensión humana de los personajes es aún más resaltada.

También se habla de tragedia en la vida cotidiana, para referirse al resultado terrible que generan ciertos acontecimientos. Por ejemplo: “Tras la tormenta la tragedia se abatió en los hogares más pobres, que quedaron con sus viviendas destruidas”; “La vida de José junto a su padre criminal, es una tragedia”, o “El resultado del choque automotor fue trágico, dejando como saldo una persona muerta”.