Concepto de adopción

Del latín “adoptio”, adoptar significa incorporar algo ajeno como propio. Puede tratarse de un idioma, de una nacionalidad, de una opinión de otra persona, de ideas, de una cosa, de un ser vivo, como una planta o un animal; aplicándose en la generalidad al caso de adopción de niños, para solucionar el problema de la niñez abandonada. También cuando algo cambia su forma o apariencia, se dice que adoptó un nuevo aspecto. Otro uso de la palabra es cuando se toman decisiones: por ejemplo: “los Estados adoptarán las medidas necesarias para luchar contra la inseguridad”.

Por supuesto no son los mismos los requisitos que requiere la ley para los distintos casos de adopciones. No se requieren formalismos ni trámites para adoptar como propio un idioma extranjero, o un animalito o una planta, por su escasa trascendencia jurídica; pero si se deben tomar más recaudos en los casos de la adopción de una nacionalidad diferente a la propia, y sobre todo cuando un hijo ajeno pasa a ser incorporado a una familia diferente a la que le correspondía por naturaleza, en salvaguarda sobre todo de los intereses del menor.

Cuando se desea adoptar un niño, se deberán hacer trámites administrativos de inscripción en registro de adoptantes y un juicio de adopción donde se comprobará si los aspirantes a padres adoptivos reúnen los requisitos de edad e idoneidad para hacerse cargo del menor.

El artículo 21 de la Convención sobre los Derechos del Niño establece que cuando se permitan adopciones debe prevalecer el interés superior del niño, velando porque se lleven a cabo los procedimientos judiciales pertinentes, con autorización de las autoridades competentes, y con consentimiento de todos los interesados. Se acepta la adopción internacional cuando ésta no sea posible en su país de origen debiendo velarse que se respeten normas similares a las de su país de origen, evitando beneficios económicos para los que participan en estas adopciones internacionales.