Concepto de alquiler

Proveniente etimológicamente del árabe clásico “kira” y de “alkirá” en el árabe hispánico; la palabra alquiler se conoce en nuestro idioma para denominar un contrato sinalagmático (con obligaciones para las dos partes de la relación contractual) por el cual una de ellas entrega a la otra un objeto suyo, un servicio o una obra, a cambio de una suma de dinero, que también recibe el nombre de alquiler o renta. Este contrato también se lo conoce como de locación o de arrendamiento, aplicándose la denominación de locación más específicamente a la que tiene por objeto el hacer humano.

Concepto de alquiler

Comprende en sentido amplio, tres tipos: el alquiler propiamente dicho es el de cosas: que consiste en otorgar objetos muebles o inmuebles (casas, medios de locomoción, animales, etcétera) por parte de quien tiene sobre ellos la propiedad o posesión legítima o permiso de su dueño a otro para que los use y los goce por un tiempo especificado en el contrato, recibiendo quien entregó la cosa o locador, el dinero convenido como precio por parte del inquilino en períodos prefijados (diarios, quincenales, mensuales, anuales).

El alquiler de servicios, (más propiamente conocido como locación de servicios) consiste en que el locador contrata al locatario para que ponga su fuerza de trabajo a su disposición a cambio de un dinero, por ejemplo, cuando contratamos a un médico para que nos cure. Deberemos pagarle a este locatario, nosotros como locadores, por estar a nuestro servicio, independientemente de que logre o no curarnos.

El alquiler o mejor llamado, locación de obra, consiste en que el objeto es la prestación de una obra o producto final, que debe entregarse terminado por parte del locador al locatario, para que éste pague el precio convenido, por ejemplo, si contratamos a un pintor para que nos haga un cuadro.

Recientemente se ha incorporado a algunas legislaciones (algunos Estados de Estados Unidos, Ucrania y Bélgica) el llamado “alquiler de vientres” por el cual una mujer se compromete a engendrar un hijo y tenerlo en su vientre, para luego de nacido entregarlo a otra persona o a una pareja, que se transformarán en sus padres, que le deben abonar a la dueña del vientre, por el “servicio” prestado.