Concepto de homicidio

Proviene en su etimología de “homo” que significa hombre, y “cidium” que quiere decir matar, significando por lo tanto: matar a una persona. Es un delito contra el bien más sagrado de la humanidad, ya que sin la vida la protección de otros derechos carece de sentido.

Está tipificado como delito en todos los países, aunque posee atenuantes que reducen la pena en ciertas circunstancias como la emoción violenta, o la agravan, como cuando se ha realizado con ensañamiento o alevosía, o se dado muerte a un pariente (parricidio). Hay casos que son eximentes de responsabilidad, como la legítima defensa, y otros no punibles, como los que comete un incapaz.

El sujeto pasivo, o víctima del homicidio, es un ser humano de cualquier edad, pero que haya nacido. El sujeto activo es una persona distinta de la víctima, pues de lo contrario, se trataría de un suicidio.

Los homicidios pueden ser dolosos, cuando se priva a otro de la vida con intención, o culposos, por negligencia, por ejemplo, cuando se mata a alguien como consecuencia de un descuido, al manejar un automóvil. Los homicidios culposos tienen menos sanción.

El homicidio preterintencional es el que excede la voluntad del autor, que tal vez quiso asustarlo o lastimarlo, y terminó matándolo. Esta intención deberá probarse, para menguar la pena.

Cuando se mata a una persona legítimamente, como consecuencia de la ejecución de una condena a muerte en los países que aceptan esta sanción, no se trata de homicidio, ni cuando se mata en virtud de un estado de guerra justa. Estos dos casos se suman a la legítima defensa para ser tres, los supuestos en que no es punible matar a otro ser humano. La legítima defensa no debe exceder los límites de la necesidad, pues de lo contrario, se castigaría como exceso en la legítima defensa.