Concepto de invocación

Cuando hablamos de invocación nos referimos a la acción y también al efecto del verbo invocar, que procede en su etimología del latín “invocare”, palabra compuesta por el prefijo “in” que se refiere a algo interno y por “voco” con el sentido de llamar.

Invocar es un llamado interno, desde el alma o el espíritu, que se exterioriza como súplica, petición o demanda, para que un ser sobrenatural, un recuerdo, o una ley o costumbre, me ayuden y protejan, o me concedan un derecho o petición. A los espíritus en general, para quienes creen que esto es posible, se les suplica para que respondan: “Invoqué el espíritu de mi padre para que me aconsejara”, “Invoqué a los santos para que brinden protección a mi hijo y lo ayuden a sanar” o “Invocó al demonio por medio de conjuros, para que el mal cayera sobre su enemigo”. Se solicita una acción concreta y no la presencia del espíritu. Muchas religiones como por ejemplo la católica establecen palabras específicas o rezos para dirigirse a Dios, como el “Padre Nuestro”. La religión cristiana impide consultar a los espíritus difuntos. En Levítico 19,31 dice que quien lo haga se tornará impuro. Isaías en 8, 19-22 , nos revela que si se consulta a tales espíritus nos sumiremos en las tinieblas y la angustia. Esto ocurre pues solo a Dios puede pedirse ayuda ya que ningún muerto, como espíritu, tiene la capacidad de salir del lugar en el que está.

Concepto de invocación

En el ámbito jurídico alguien puede recurrir para beneficiarse, a una ley o norma social, nombrándola y exponiendo ante las autoridades administrativas y jueces, su reclamo y la adecuación de éste a la norma referida: “Invoqué a las buenas costumbres para impedir que el hombre vestido solamente con ropa interior ingrese al establecimiento educativo”, “Invoqué el artículo 14 bis de la Constitución Nacional argentina para amparar mi derecho de adherirme a la huelga dispuesta por el sindicato”.