Concepto de temeridad

La temeridad, del latín “temeritatis” es el sustantivo abstracto que nace del adjetivo temerario, que proviene del adverbio latino “temere” con el significado de lo que resulta oscuro o cegado, de allí que la temeridad hace referencia a un accionar irreflexivo, que conduce a exponerse a peligros que pudieron evitarse.

La temeridad no es una virtud sino un defecto, pues si bien implica valentía, ésta es totalmente inútil, ya que en vez de lograr el objetivo puede ponerlo en riesgo o aumentarlo. Ejemplos: un conductor temerario es aquel que quiere llegar rápido a destino y conduce a más velocidad de lo permitido, lo que tal vez pueda resultarle eficaz, pero también puede constituirse en un peligro para sí o para otros. Un padre temerario es el que deja solo a su hijo pequeño en su casa y se va por varias horas. Un médico temerario es el que medica a un paciente con una droga no suficientemente probada.

Concepto de temeridad

La temeridad excluye el sentimiento del miedo, en el sentido útil de ayuda y aviso frente al peligro. Quien es valiente siente temor, evalúa sus posibilidades y si las tiene se arriesga, enfrentando sus miedos. El temerario se lanza a la acción sin ningún recaudo, bajo el impulso de su ansiedad. Las conductas temerarias son mucho más frecuentes en los jóvenes.

En Derecho la temeridad procesal consiste en acudir a la justicia peticionando derechos absurdos, o contestar las demandas alegando defensas manifiestamente inconsistentes, lo que va en contra de la economía procesal y de a buena fe. Esto debe ser apreciado en sentido estricto, solo calificando de temerarios los dichos disparatados sin ningún fundamento jurídico, ya que de lo contrario se vulneraría el derecho de defensa en juicio.