Concepto de aborto

Etimológicamente la palabra aborto, deriva del latín abortus: ab significa privación, y ortus quiere decir nacimiento, por lo cual su traducción literal es: privación de nacimiento.

Se utiliza este vocablo tanto para designar la frustración del nacimiento de los seres vivos en general, como el de proyectos, o la remisión de enfermedades.

Los abortos en las hembras de los animales, incluyendo el ser humano, pueden producirse de manera espontánea o natural, o provocados por acción humana, cuando se interrumpe el proceso de la gestación de manera intencional. Para ser considerado aborto, la interrupción del embarazo humano, debe producirse antes del comienzo del séptimo mes, ya que luego de ese período se considera parto prematuro, pues ya no se trata de la expulsión de un feto sin posibilidad de supervivencia, sino que ya posee capacidad de supervivencia.

Desde los tiempos remotos los pueblos discutieron si era moral interrumpir deliberadamente un embarazo y si debía la ley imponer sanciones cuando este hecho se produjera. No se consideraba un acto privado, sino que interesaba a todo el grupo comunitario, ya que se privaba al cuerpo social de una vida, que aseguraba la continuidad del grupo. Más que la protección de la vida del nuevo ser en cuanto tal, lo que importaba era el fin social de la nueva vida, en cuanto aporte sobre todo militar. Así el historiador Flavio Josefo, nos relata que entre los hebreos se prohibía el aborto, pues destruía un alma y disminuía la raza.

En la antigua Grecia, Aristóteles (384 a. C.-322 a. C) consideraba al embrión humano como algo divino, pero solo luego de los cuarenta días en los varones, y ochenta en las mujeres, que sería el momento en que el ama se incorporaba al cuerpo. O sea que antes de ese período se podía realizar un aborto, y también para asegurar la subsistencia de la población, ante la carencia de recursos. Los cristianos San Agustín y Santo Tomás siguieron la idea aristotélica, de distinguir para considerar al feto persona el tiempo de gestación. San Gregorio de Niza y su hermano Basilio el Grande, tomaron el tiempo de la concepción como momento de aparición del alma humana, y por lo tanto desde ese momento la imposibilidad religiosa y moral de abortar.

Hipócrates, en la antigüedad griega, de quien se deriva el famoso juramento médico, fue un profesional pagano, que realizó la promesa ante sus dioses, de ejercer correctamente la medicina, decía que no provocaría aborto en una mujer por medio de supositorios. Muchos autores sostienen que la finalidad era preservar la vida de la madre, ya que aconsejaba la realización de ejercicios violentos para expulsar la criatura.

Actualmente, mientras anualmente se producen casi 50.000.000 de abortos diarios, el debate entre la legalidad y la ilegalidad continúa vigente. En Uruguay, recientemente, la ley aprobada por el Congreso, sobre la legalización del aborto, fue vetada por el Poder Ejecutivo. La iglesia católica mantiene una firme posición al respecto, repudiando el aborto y ejerciendo una fuerte presión en los países católicos.