Concepto de acantilado

Del participio del verbo acantilar es de donde nace la palabra acantilado. Un término este con el que venimos a determinar a un accidente de tipo geográfico que básicamente se conforma por una pendiente o una vertical muy escarpada y de difícil acceso.

Lo normal es que cuando hacemos mención a un acantilado nos estemos refiriendo a uno que se encuentra situado en la costa, como sería, por ejemplo, el caso de los famosos Acantilados de Los Gigantes que se hallan enclavados en la isla de Tenerife y que fueron llamados en otros tiempos por los guanches “Muralla del Infierno”.

No obstante, es necesario dejar claro que también existen otros tipos de acantilado que no se sitúan en la costa concretamente sino en espacios naturales de diversa tipología como pueden ser montañas u orillas del río, entre otros.

Referente a la constitución en sí de este accidente geográfico que nos ocupa merece la pena subrayar que se compone de una serie de rocas, básicamente de tipo sedimentario (caliza, dolomita, arenisca…), que son muy resistentes a la erosión que en ellas causa la propia acción atmosférica. Asimismo hay que recalcar que, en muchas ocasiones, los citados acantilados cuentan con espectaculares grutas y cascadas.

A lo largo de todo el planeta son muchos los acantilados que podemos encontrar, todos bellos y sorprendentes a partes iguales. No obstante, entre los más significativos es necesario destacar el monte Thor en Canadá, las Torres del Trango en Pakistán, el Risco de Faneque en Gran Canaria o Thumbnail en Groenladia.