Concepto de angioma

Si queremos indagar el origen etimológico de la palabra angioma, debemos remitirnos al griego “angeion” que significa vaso; y a “oma” terminación que se usa para señalar anomalías celulares.

Los angiomas son formaciones tumorales, con diversas formas (algunas redondas otras ovaladas, con o sin ramificaciones, y de colores rojo, pardo o violáceo), que afectan a los vasos sanguíneos, de carácter benigno, y se ubican en cualquier lugar del cuerpo. Por lo tanto, físicamente el individuo afectado no presenta riesgos orgánicos, ni molestias, ni picazón (aunque en ocasiones pueden doler o sangrar. En estos casos se tratan por electrocoagulación o con nitrógeno líquido). Son más frecuentes en los niños al nacer, y en general, desaparecen espontáneamente con el paso del tiempo.

Lo más negativo es que pueden ir en desmedro de la autoestima si son grandes o están localizados en sitios visibles, especialmente en el rostro. Rara vez provocan alguna complicación si crecen mucho y comprimen algunas funciones como la respiración o la visión.

La diversidad morfológica que antes mencionamos, hace que algunas versiones populares las atribuyan a antojos de las madres durante el embarazo, pues algunas tienen forma por ejemplo de frutillas; o a sustos, pues algunas simulan un insecto. Esto es falso, no se conoce por qué se forman los angiomas pero no hay científicamente nada que avale estas creencias.

Se clasifican en: 1. Simples, cuando se acumulan asas capilares, entre las cuales se interpone tejido conjuntivo y también un pequeño número de infiltrados celulares, y 2. Cavernosos integrados por vasos de más grosor, con sangre venosa.