Concepto de atónito

La palabra atónito procede en su etimología del latín “attonitus” vocablo integrado por el prefijo de aproximación “ad” y por “tonare” verbo que significa tronar o hacer un fuerte ruido, aludiendo al estado de sorpresa y falta de reacción en que alguien se halla al sentir un estallido, y por extensión, al estar expuesto a cualquier situación que lo desconcierta y lo deja pasmado, por ser extraña o poco habitual.

Los signos que muestran que alguien se encuentra atónito son: abrir la boca y los ojos grandes, quedarse quieto y mudo, y en casos extremos, ya que hay diversos grados, desde una pequeña sorpresa a un susto o espanto mayúsculos: palidecer y sudar, quedando en un estado de shock. Es además muy subjetivo, hay personas a las que les cuesta sorprenderse y otras que ante cualquier evento extraño quedan atónitas. Este estado suele ser pasajeros y durar pocos instantes, ya que al ser una conducta adaptativa, es el tiempo que necesita la persona para adaptarse a la nueva situación, y comenzar a actuar en ella, o escapar: “Luego de quedar atónito ante el paisaje arriesgado, comencé a disfrutar de sus desafíos” o “Quedé atónito ante la presencia del animal feroz, pero por suerte, pude reaccionar a tiempo y huir”.

Concepto de atónito

Aquello que nos deja atónitos puede ser positivo: “Mi hija me dejó atónito cuando me respondió cosas que yo ignoraba a su edad”, “Mis compañeros me dejaron atónitos con el fantástico regalo de cumpleaños”, “Luego de soportar tantos malos gobernantes, me dejaron atónito las formidables medidas de gobierno” o “Quedé atónito con las maravillosas jugadas del futbolista nuevo”. Sin embargo, también nos quedamos atónitos frente a lo que nos causa enojo, molestia, horror o disgusto: “Estoy atónito de saber las atrocidades que cometió el hombre a lo largo de su historia en el planeta”, “Me dejó atónita la noticia sobre la crueldad del padre para con sus hijos”, “El médico me dijo que me quedaba poco tiempo de vida y quedé atónito”.