Concepto de autoestima

La palabra autoestima está integrada por el vocablo griego “autos” cuyo significado es “por sí mismo” y la palabra latina “aestima” que significa valorar o evaluar. Esto implica que el concepto de autoestima puede traducirse como una valoración de uno mismo, que puede ser positiva o negativa, e influirá en todas las conductas del individuo, en su forma de ver el mundo, de valorar a los demás, y en sus emociones.

La autoestima se forja desde la infancia, y es creada por lo que los demás le dicen al niño que es. Un niño que crece protegido, sintiéndose querido y seguro, digno del cariño que recibe, será seguramente un adulto que se valorará a sí mismo, y eso lo traducirá en una alta estimación hacia los demás.

Tener una alta autoestima no significa que no se reconozcan las debilidades, sino que se las acepte y se pretenda superarlas o mejorarlas, sintiendo confianza en que esos logros aún cuando todavía no hayan sucedido, pueden ser posibles, con empeño.

Por supuesto la protección de los adultos no debe ser excesiva, que impida al niño realizarse y cumplir por sí mismo los objetivos y metas planteadas, pues en ese caso el individuo percibirá que hacen todo por él, pues creen que es incapaz de hacerlo. El adulto debe actuar como guía, como consejero, pero las decisiones son personales, salvo que sean riesgosas.

No debe confundirse la autoestima positiva, como amarse a uno mismo, con el egoísmo, que significa ponerse por encima de los demás y privilegiarse, aún a costa de intereses legítimos ajenos.

Un sujeto con baja autoestima no aceptará nuevos retos, se sentirá fracasado antes de intentar sortear obstáculos, desconfiará de sus semejantes, mentirá para ocultar sus frustraciones, y muchas veces decidirá por influencia externa.