Concepto de bruma

La palabra bruma se originó en igual vocablo latino, que en la Antigua Roma se utilizaba para nombrar a un espacio temporal muy corto o breve, pues justamente bruma a su vez, es el superlativo de “brevis” = breve, aludiendo a algo cortísimo. Ese tiempo tan breve o bruma era el solsticio invernal, donde el sol alumbraba muy poco tiempo.

En la actualidad, bruma es sinónimo de niebla, designando un estado meteorológico donde existe polvo suspendido en el aire con una humedad menor al 80 % que permite obtener una visibilidad de hasta 2 kilómetros, y en general se encuentra por encima de los mares; si la humedad es superior y se produce en tierra, recibe el nombre de neblina, siendo los días brumosos, neblinosos y oscuros más típicos en el invierno, pues en general se producen cuando por debajo del aire templado, la atmósfera se presenta fría. Si la visibilidad de los rayos solares desparece casi por completo, impidiéndose la visión por encima de los mil metros, ya se habla de niebla, que se compone de gotas de humedad más grandes.

Concepto de bruma

La palabra bruma se aplica por extensión o metafóricamente a situaciones que no aparecen del todo claras, por ejemplo. “mi pensamiento es brumoso, las ideas se me entremezclan y confunden” o “tu recuerdo se ha perdido en la bruma del olvido”.

Entre 1792 y 1806 rigió en la Francia revolucionaria un calendario laico, que incluía un mes llamado brumario, que se contaba a partir del 22 o 23 de octubre, aludiendo a los días brumosos que se presentaban en esa época del año.