Concepto de centrífuga

La palabra centrífuga se originó en el griego “kentron” en el sentido de “aguijón”. Los griegos cuando medían los terrenos, clavaban un “kentron” o estaca en la tierra y a él le ataban una cuerda con la que hacían círculos. El latín tomó el vocablo griego “kentron” como “centrum” = “centro” a lo que para formar centrífuga se le añadió el verbo “fugare” que significa “fugar” o “huir”. Es por ello que centrífuga es la denominación que se le da a aquella fuerza que se aleja de un punto central.

Se trata de una fuerza ficticia o aparente, que percibe un observador no inercial que se halla situado en una plataforma giratoria, que siente que salvo que realice una fuerza hacia el centro de rotación, es imposible permanecer quieto. O sea que pareciera que existe una fuerza centrífuga que hace que los objetos se alejen del centro de rotación. Cuanto más crece la fuerza centrífuga aumenta la aceleración centrífuga.

La fuerza que causa la rotación resulta de multiplicar la aceleración normal por la masa del móvil que gira. La fuerza obtenida es la centrípeta que se dirige al centro. La fuerza centrífuga es la de reacción, por la cual la bola giratoria tira de la cuerda que la sustenta, y si la cuerda se suelta la bola sale disparada. Así funcionan las centrifugadoras, que permiten separar sólidos que se encuentran suspendidos en un líquido por un proceso de sedimentación o para separar líquidos que poseen distinta densidad a través de movimientos de rotación generando fuerzas mayores a la gravedad.

La fuerza centrífuga aumenta en forma proporcional: cuanto más pesada sea la bola o la cuerda más larga, con la misma velocidad de rotación. Si la velocidad de rotación se duplica, la fuerza centrífuga se cuadriplica.

En el sistema solar, donde los planetas giran en torno al Sol, juegan dos fuerzas: la centrífuga que los aleja del centro, y la fuerza de gravedad que los atrae hacia él.