Concepto de delator

La palabra delator procede de igual término latino. El delator es el que comete la acción de delatar, del latín “delātus”, integrado por el prefijo “de” que indica un movimiento global y descendente, y “latus” que significa “llevado”, siendo el participio del verbo “ferre” que se traduce como “llevar”. Delatar se usa en el sentido de “acusar” o “denunciar”, llevar a alguien a comparecer ante un juzgador.

Un delator es aquel o aquello, que revela quien cometió una falta o un delito, por ejemplo: “El perro se delató de haber comido el yogur pues tenía el hocico sucio con el alimento”, “Fui el delator de mi compañero, ya que lo acusé de copiarse en los exámenes” o “Su falta de cultura se delata con sus malos modales”.

Concepto de delator

También pueden usarse artefactos electrónicos como delatores de problemas, que los detectan, denuncian y permiten corregirlos evitando riesgos: “Puse un delator de escapes de gas y eso me salvó la vida” o “Coloqué una camarita para filmar a la cuidadora de mis hijos para que la delate si no los trata bien”.

En el ámbito penal, un delator es quien cuenta a las autoridades pertinentes quien y/o como y/o cuando se ha cometido un hecho ilícito: “Escondió un cuchillo en la celda y su compañero lo delató”, “El delator era el integrante de la banda que ofició como encubridor” o “El delator de sus cómplices logró con ello que le reduzcan la condena”.

Los delatores son aliados muy preciados dentro de un proceso penal, ya que aportan indicios o pruebas muy importantes, y a muchos de ellos se los mantiene bajo custodia, para protegerlos de posibles represalias. Sin embargo, los delatores no son bien vistos, especialmente cuando los motivos de las persecuciones son injustos. En este sentido un famoso y criticado delator fue Judas Iscariote, uno de los apóstoles de Jesús que lo traicionó.

Algunos profesionales no pueden delatar las confesiones que reciben en ejercicio de sus funciones, pues los protege el secreto profesional, como sacerdotes, abogados o psicólogos.