Concepto de densidad de siembra

En el latín densitas se encuentra el origen etimológico del primer término, densidad, que compone el concepto que nos ocupa. Este, densidad de siembra, viene a definirse muy sencillamente: es el número de kilos de semilla por hectárea que se necesitan y se van a utilizar para sembrar. Es decir, es el número de plantas por hectárea que van a crecer en un terreno determinado.

Asimismo, otra explicación del concepto que estamos abordando es aquella que nos expone que la densidad de siembra no es más que la práctica de manejo que viene a determinar la capacidad de cultivo para lograr así recaudar un número de recursos.

En este sentido, los agricultores barajan siempre unas cifras con las que vienen a calcular que lo aconsejable es utilizar unos 100 o 150 kilos por hectárea. En esa misma línea se establece que una elevada densidad de siembra puede traer consigo tanto la aparición de más enfermedades como lo que se da en llamar el encamado, es decir, el aplanamiento de las plantas.

Por estas circunstancias es muy importante el determinar una correcta densidad ya que es la manera de que se pueda lograr la optimización de la productividad de un determinado cultivo. Y es que, junto a un buen espaciamiento entre las hileras del cultivo en cuestión, será la que consiga que el agricultor pueda estar cubierto y tener una producción adecuada para hacer frente a los momentos críticos que puedan tener lugar.

En concreto, podríamos decir, según diversos ingenieros agrónomos como Gustavo Ferraris, que una magnífica densidad de siembra es aquella que no sólo consigue alcanzar el índice de cosecha máximo sino que también “maximiza la intercepción de radiación fotosintéticamente activa durante el periodo crítico para la definición del rendimiento”.