Concepto de entusiasmo

La palabra entusiasmo procede del griego “enthousiasmos”, vocablo integrado por el prefijo “en” que denota algo interior” y por “theos” con el significado de “Dios”, que designaba el ánimo fervoroso de las sibilas, al manifestar sus profecías en estado de trance, como si un dios las hubiera poseído; de donde pasó al latín como “enthusiasmus”, designando un fervor que nace desde adentro, un estado de ánimo exaltado.

El entusiasmo es un estado anímico donde se muestra por algo mucho interés y motivación, lo que lleva a esforzarse por investigarlo, conocerlo, descubrirlo o llevarlo a cabo.

Concepto de entusiasmo

Los niños y los jóvenes son naturalmente más entusiastas que los adultos y ancianos, aunque siempre puede hallarse algo que nos conmueve y nos moviliza hacia la acción, salvo que se sufra de alguna enfermedad, como la depresión, que hace que el individuo pierda el entusiasmo. Esto puede acontecer en algún momento particular, si a alguien lo ha afectado alguna dolencia o desgracia, volviendo el entusiasmo tras recuperarse de la enfermedad o del período de duelo, o ser un estado más duradero sin una causa que lo justifique, lo que requiere atención psicológica y/o psiquiátrica.

La persona entusiasta se muestra alegre, con energía, y activa, lo que suele ser contagioso: “Mi madre me contagia su entusiasmo, ya que todos los días se levanta de buen humor y con muchas ganas de encarar la jornada”.

Las causas por las cuales alguien se entusiasma son altamente subjetivas, y pueden estar dadas por motivaciones intrínsecas o extrínsecas. Ejemplos: “A mí me entusiasma la idea de viajar en vacaciones a la montaña, pero mi marido se siente más inclinado por ir al mar”, “El entusiasmo que tenía los primeros días en mi nuevo trabajo fue decreciendo hasta convertirse en rutina”, “Me entusiasma la idea de recibirme a fin de año, pues ya tengo una propuesta de trabajo cuando obtenga mi diploma” O “La maestra entusiasmó a los alumnos con organizar una fiesta para fin de año”.