Concepto de geocentrismo

La palabra geocentrismo es un cultismo que se formó con los siguientes términos de origen griego: “geo” que se traduce como tierra; “kentron” en el sentido de “centro” y el sufijo “ismo” que indica que la referencia es a una doctrina, que en este caso afirma que la Tierra es el centro del universo.

Esta teoría, hoy ya totalmente descartada y reemplazada por la heliocéntrica que logró comprobar que el centro de nuestro universo no es la Tierra sino el Sol, rigió en Europa desde la Edad Antigua hasta la Edad Moderna.

Geocentrismo

El geocentrismo ponía a nuestro planeta como el núcleo central a cuyo alrededor giraban los demás planetas y el Sol. Entre los filósofos griegos la mayoría, incluyendo a Aristóteles, sostenían esta postura, pero hubo algunos entre los pitagóricos que desconfiaron de esta teoría y creían que existía un centro de fuego el que era circundado por los planetas. Sin embargo quien puede ser citado como un verdadero revolucionario que descartó a la Tierra de ese lugar central y colocó al Sol, basándose que era mayor en tamaño, fue el matemático y astrónomo griego, Aristarco de Samos (310 a C – 230 a C), tal como nos llegó a través de los relatos de Arquímedes y Plutarco, pero no le creyeron.

Claudio Ptolomeo, un astrólogo greco-egipcio, que vivió entre los años 100 y 170, utilizó para elaborar sus teorías, la investigación empírica. Escribió el “Almagesto” un tratado sobre Astronomía. Ptolomeo, que como todos los geocentristas colocaba a la Tierra en el centro del mundo, consideraba que a su alrededor giraban el Sol, los planetas, la Luna y las estrellas, mientras ella permanecía inmóvil y los planetas describían pequeños círculos orbitando a su vez en derredor de la Tierra.

Fue Nicolás Copérnico en 1543 quien afirmó que era el Sol el centro del universo y los planetas giraban a su alrededor, rotando la Tierra a su vez, sobre sí misma, una vez cada día. Sin embargo sus precisiones eran escasas, ya que seguía insistiendo en que los planetas tenían movimientos circulares que no explicaban las desviaciones de sus trayectorias; y la iglesia condenaba esta reforma del pensamiento, por no coincidir con los textos bíblicos, por lo cual no prosperó.

Fue Galileo el que comprobó definitivamente el error de la teoría geocéntrica en 1610, pero ante las acusaciones en su contra y para evitar ser condenado a muerte, se retractó en 1633.