Concepto de hipocresía

La palabra hipócrita nos remonta en su origen etimológico al griego, ya que proviene del ὑπόκρισις (hypokrisis) referido a las actuaciones teatrales donde se fingía, al interpretar escénicamente a un personaje, ser otro, ocultando el verdadero rostro tras una máscara. De allí pasó al latín como “hypocrisis” con el significado de fingir o actuar, significando actualmente la actitud solapada de esconder los verdaderos sentimientos o ideas mostrando una imagen o una personalidad que no coinciden con la real.

Concepto de hipocresía

Jesús dirigiéndose a los escribas y fariseos los llamó hipócritas, comparándolos con las blancas tumbas que contienen cadáveres en descomposición; pues eran dignos en apariencia, pero por dentro llenos de malicia.

La persona hipócrita representa un rol simulado, y por ello logra muchas veces engañar a los demás, escondiendo la parte mezquina y negativa de su ser. Es lo contrario a alguien sincero, y por ende resulta poco confiable, aunque a veces se tarde demasiado tiempo en que la máscara caiga y descubramos quien es realmente esa persona que nos estuvo engañando. El filósofo Friedrich Nietzche (1844-1900) preocupado por el carácter inmoral de la hipocresía sostuvo que la mayor hipocresía sería eliminar la hipocresía, ya que ella forma parte de la personalidad, donde la conducta no coincide con los móviles que la impulsan, pues a veces por ejemplo un acto heroico puede ser impulsado por un móvil egoísta.

El hipócrita puede ser conciente de lo que hace, no se engaña a sí mismo sino a los demás, actúa dolosamente para conseguir diferentes propósitos, por ejemplo: fingir que ama a una mujer y mostrarse afectuoso y comprensivo solo para intimar con ella, y luego abandonarla; ser servicial con su jefe y alabarlo, criticándolo a sus espaldas; decir que va a tomar determinada actitud y llegado el momento no hacerlo, etcétera. En cambio, en Psicología se reconoce que alguien puede ser hipócrita de modo inconsciente, pues el individuo para preservarse tiende a autoengañarse para no reconocer sus propias debilidades y defectos.