Concepto de imán

El vocablo imán proviene del francés “aimant”, y a su vez, “aimant” nos llega de los términos latinos “adamas”, “anten”, que pueden traducirse como diamante o piedra dura.

Se trata de un mineral compuesto de un protóxido ( cuerpo resultante de la mezcla de oxígeno con un radical simple o compuesto, en su primer grado de oxidación) y un sesquióxido (con más de la mitad de oxígeno que el protóxido) de hierro, cuya propiedad consiste en atraer metales, entre ellos, el hierro, el cobalto y el níquel, pues produce en su derredor un campo magnético.

Los imanes poseen dos polos magnéticos opuestos, llamados norte y sur, por su orientación hacia los extremos de la Tierra. Si se acercan los polos norte de dos imanes, éstos se repelen. La atracción se produce entre polos opuestos.

Pueden tener forma de barra, en cuyo caso los polos están en sus extremos, o pueden adoptar la forma clásica en U o herradura, que es uno en barra doblado. Pueden tener cualquier forma. Si es redondo tiene un polo en cada cara, pues es una rodaja de la barra.

Magnetizar significa comunicar la propiedad magnética o de atracción a otro cuerpo, por ejemplo, un imán induce la magnetización en los clavos, a los que transforma en pequeños imanes.

La rama de la Ciencia Física que se dedica al estudio de los imanes y sus propiedades, se denomina magnetismo.

Imán, derivado del árabe imām es la persona que preside, dirigiendo, las oraciones del pueblo musulmán, sin ser un cargo permanente, y que puede ser ejercido por cualquiera de los fieles, pues existe para esa ocasión, siendo la persona que conoce los rezos.