Concepto de intrépido

La palabra intrépido reconoce su origen en el latín “intrepidus”, formada por el prefijo negativo “in” y por “trepidus” que significa tembloroso.

Intrépido es un adjetivo que califica a quien no se muestra temeroso, que no tiembla, como manifestación física del miedo. Es sinónimo de alguien valiente y arriesgado, que se aventura en situaciones peligrosas, pudiendo en casos extremos llegar a ser temerario, o sea, no medir sus posibilidades y someterse a riesgos extremos, por lo cual no siempre resulta ser una virtud, ya que es lo contrario no solo al cobarde sino también al prudente.

Concepto de intrépido

Las personas intrépidas son audaces, se lanzan a alcanzar sus objetivos, y esto resulta muy bueno, siempre y cuando muestren un mínimo de cautela, pues la intrepidez no debe estar despojada del pensamiento racional que indique límites a los impulsos riesgosos.

La intrepidez se asocia a una autoestima alta, a la ambición, a la necesidad de experimentar retos y desafíos y por ello es más común en los jóvenes que en la gente adulta, aunque hay excepciones. Por ejemplo: “Parece mentira, pero el padre se animó a nadar en el mar bravío y el hijo permaneció mirándolo en la playa, resultó más intrépido el hombre más maduro”. La intrepidez suele estar asociada a las experiencias de vida y a la educación recibida: “Si su madre sigue impidiendo al niño valerse por sí mismo y llenándolo de temores jamás hará de él un adulto intrépido” o “Soy muy intrépida, siempre estoy donde hay algún peligro, me atrae el riesgo desde niña, y mis padres y maestros me alentaron a asumir desafíos”.

No solo las acciones pueden resultar intrépidas sino también las ideas, cuando son revolucionarias, o sea, cuando intentar cambiar el orden existente o discutir a quien se supone posee credibilidad: “El intrépido joven se atrevió a discutir ideológicamente a su profesor, aunque con ello arriesgara la aprobación del curso”.