Concepto de leucocito

El origen etimológico de la palabra leucocito es griego. Proviene del griego “leuco” que significa blanco y “citos” que es equivalente a célula. Son por lo tanto los leucocitos las células o glóbulos blancos, llamados así pues están desprovistos de pigmentación, a diferencia de los glóbulos rojos con los que conviven. Pueden ser consideradas las únicas células verdaderas de la sangre pues poseen membrana, protoplasma y núcleo.

Los leucocitos son células sanguíneas heterogéneas, esferoidales y móviles que se encuentran en la sangre de modo transitorio, y nacen en la médula ósea y el tejido linfático. Su función es la de defender al organismo, actuando en el sistema inmunológico, pues algunos realizan fagocitosis capturando microorganismos y cuerpos extraños que invaden el organismo; los engloban dentro del citoplasma y luego los digieren. Puede alcanzarlos gracias a su capacidad de trasladarse, cuando son adultas, con movimiento ameboideo, pudiendo salir de la sangre atravesando la pared capilar, concentrándose en los focos inflamatorios.

Entre los leucocitos podemos diferenciar: a) los granulocitos, de gran movilidad, polimorfonucleares, que a su vez se clasifican en neutrófilos, eosinófilos y basófilos; b) los linfocitos, con un solo núcleo y sin granulación, en su mayoría pequeños, cuya función es la de contribuir al sistema inmunitario, producen anticuerpos y destruyen células anormales; y c) los monocitos, de gran tamaño, mucha riqueza enzimática y de núcleo único, forma arriñonada, con misión fagocitaria.

La fórmula leucocitaria normal es la siguiente: 22 linfocitos, 5 a 8 monolitos, 67 neutrófilos, de 1 a 3 eosinófilos y 0,5 basófilos, por cada 100 leucocitos.

Si en un análisis de laboratorio aparecen pocos leucocitos puede significar la presencia de algunas enfermedades de la médula ósea, de hígado, riñón o enfermedades autoinmunes. Si están altos, significa la presencia de procesos inflamatorios o infecciosos.