Concepto de megalomanía

Etimología

La palabra megalomanía proviene del griego μεγαλο, compuesta por μέγας = grande, y μανία = locura.

¿Qué es?

Tienen megalomanía aquellas personas que poseen delirios de grandeza, pudiendo solo presentar rasgos de ella (en general por haber sido criados como seres especiales y muy consentidos o por el contrario sin vínculo emocional) lo que los hace sentir superiores al resto de las personas, llegando en los casos más graves a convertirse en una paranoia, como aquellos casos donde el afectado cree estar en el mundo para salvarlo o dominarlo. En otros casos se asocia a algunas enfermedades mentales como el trastorno bipolar en su fase maníaca o a trastornos narcisistas o histriónicos de la personalidad.

Concepto de megalomanía

Síntomas

Quien padece de este trastorno de la personalidad se cree el centro del mundo y capaz de tenerlo a su servicio, pues es omnipotente y soberbio y adopta una actitud desafiante; confiada en sus capacidades y dones de liderazgo. Muchos líderes políticos y militares son ejemplo de megalómanos, como por ejemplo Napoleón, Hitler, Stalin o Franco.

Si bien en apariencia son muy seguros, en su fuero íntimo tienen un vacío que les impide ser felices, tal vez generado por un vínculo negativo con sus padres, que no tomaron en cuenta sus necesidades y él debió hacerles frentes por sí mismo, acentuando una fuerte personalidad. El diagnóstico resulta difícil pues estas personas al demostrar tanta confianza en sí mismas y ser muy poco afectos a la crítica externa o a la autocrítica no se darán cuenta de su problema y por lo tanto no concurrirán a la consulta psicológica.
Al sentirse tan importantes suelen acompañar esta sensación, de desconfianza hacia su entorno que podría querer atentar contra ellos por su relevancia, lo que a menudo se traduce en manía persecutoria.

Desde el Psicoanálisis

Para el Psicoanálisis, la megalomanía como trastorno de la personalidad se origina en la infancia como consecuencia de la “introversión de la líbido”, y ocurre cuando el paciente canaliza hacia su interior la energía sexual, subliminando la líbido, hacia otras cuestiones que no son la relación sexual, como por ejemplo hacia la conquista del poder en el ámbito laboral, religioso o político.