Concepto de micción

Originada etimológicamente en el vocablo latino “mictĭōnis”, que deriva de la acción del verbo “mingere” con el significado de orinar, con micción, designamos el acto de orinar, o sea de expeler el líquido amarillento que es segregado por los riñones, cuya función es la de realizar la filtración de los desechos (urea) y también el agua que sobra en la sangre. Los uréteres son los tubos que se encargan de llevar la orina a la vejiga donde queda almacenada, hasta que nace el reflejo de micción (ganas de orinar) al llenarse.

Concepto de micción

Mientras la vejiga se encuentra en reposo tiene las paredes relajadas y se halla cerrada, pero se estimula al llenarse, se contrae, relajándose los esfínteres, estriados y lisos, y provocándose de ese modo la micción, de un modo automático o reflejo.

En ocasiones pueden existir ciertas patologías que afectan la micción, por ejemplo el caso de la cistitis, que consiste en tener la vejiga inflamada, con o sin infección, lo que provoca deseos continuos de orinar, acompañados de dolor en la vejiga. La insuficiencia renal también es causa de trastornos en la micción, y de la acumulación por ello, de toxinas orgánicas, lo que puede resultar muy grave.

El cerebro también interviene en el control del reflejo de micción, que no tendrá efecto si el reflejo es demasiado intenso, y la micción sucederá aunque se intente evitarlo. En los niños pequeños es más difícil el control de este reflejo de micción.

Los bebés, y los niños hasta los dos años, no pueden realizar el control de la micción, por eso usan pañales. Entre los 20 meses y los 28 meses irán aprendiendo a ejercer este control. Los adultos realizan normalmente la micción cada dos horas durante el día, pudiendo dormir ocho horas sin despertarse por el deseo de orinar, que se siente con intensidad al despertar.