Concepto de olfato

La palabra olfato se originó en el vocablo latino “olfactus”, integrada por “olere” = oler, y “factus” = hecho, para designar el sentido que poseen insectos y vertebrados, que les permite distinguir los olores captados por el órgano externo llamado en los humanos, nariz, cuyo receptor de olores se halla en la parte superior de las fosas nasales.

En esa región, que abarca el cornete superior y el tabique nasal en su extremo más alto, se halla una lámina epitelial con dos zonas, una roja interior (pituitaria roja), muy vascularizada, que tiene por función calentar el aire que ingresa para que llegue menos frío a la laringe, y otra amarilla (pituitaria amarilla) en la zona más profunda de las fosas, con células de sostén, olfativas y basales, donde se captan los olores de los cuerpos, que por emitir esas partículas causantes de olor se denominan odoríferos, que son más de mil olores distintos, en estado gaseoso, que fácilmente estimulan a las células olfativas. Los cuerpos sin olor reciben el nombre de inodoros, como por ejemplo el agua.

Concepto de olfato

El sentido del olfato se relaciona mucho con el del gusto, siendo el primero, veinte mil veces más potente. Cuando una comida nos resulta agradable al olfato, la saliva se produce instantáneamente.

El sentido del olfato nos permite reconocer aromas agradables y otros peligrosos, como cuando reconocemos la existencia de olor a gas o a veneno.

La capacidad olfativa se diferencia según las especies; por ejemplo, en el perro encontramos doscientas veinticinco millones de células olfativas, siendo su poder de percepción con respecto al olfato humano, mayor hasta en un millón de veces.