Concepto de orgánico

La palabra orgánico reconoce su origen en el griego όργανον (órgnon), en el sentido de “herramienta” de donde pasó al latín como “organicus” de donde lo tomó el español.

Lo orgánico se relaciona con los órganos del cuerpo y con la vida en general, oponiéndose a lo inorgánico que carece de vida.

Se usa en varios contextos:

En Biología cuando algún órgano se halla afectado decimos que el paciente sufre de un trastorno orgánico.

Un abono orgánico es aquel compuesto que se aplica para mejorar la productividad de los suelos sin recurrir a componentes artificiales o elaborados en laboratorio. Los abonos orgánicos benefician al suelo al aumentar su temperatura y mejojan la nutrición de los vegetales, al permitir la mejor absorción de agua y fijan el carbono al suelo. Un ejemplo de abono orgánico de origen animal es el estiércol de animales herbívoros, otro es el humus de lombriz o el compost logrado a partir de mezclas de elementos animales y vegetales.

Los abonos orgánicos se usan para realizar cultivos orgánicos, que se efectúan además sin usar pesticidas y sin emplear transgénicos, siendo valorados como más saludables.

En Química, los compuestos orgánicos son los que contienen carbono. Son combustibles. Los enlaces que forman son de carbono-carbono o de carbono-hidrógeno. Los ácidos orgánicos son compuestos orgánicos que cuentan por lo menos con un grupo ácido. Los frutos de varias plantas contienen ácidos orgánicos.

En Sociología y Política se conoce como democracia orgánica aquella donde no se gobierna a través de representantes elegidos por el voto popular, ni son necesarios los partidos políticos que discuten ideas y presentan candidatos, sino que hay un partido único y se utilizan para la toma de decisiones ciertas instituciones o corporaciones naturales como la familia el municipio y los sindicatos. El individuo aparece en sus derechos y participación representado por corporaciones. Un ejemplo de este sistema político fue el régimen franquista español.

En Derecho, una ley orgánica en España, es la que necesita para su aprobación de un mayor número de miembros de la Cámara de Diputados que las leyes ordinarias (mayoría absoluta en la votación final). La Constitución de 1978 establece qué leyes necesitan de esta forma especial de votación.