Concepto de suicidio

La palabra suicidio comenzó a usarse a partir del siglo XII, siendo su raíz, latina. Proviene de “sui”: a sí mismo, y “cidium”: matar, haciendo referencia al acto de darse muerte ex profeso a uno mismo, pudiéndose aludir al hecho consumado del efectivo deceso, o al intento infructuoso de quien continúa con vida luego de la tentativa. No se incluyen los que se quitan la vida al arriesgarla para salvar a otras personas, pues es en este caso es un acto positivo y heroico.

En la mayoría de los casos el suicida posee un trastorno de ansiedad, depresión, esquizofrenia o dependencia a drogas.

La religión en la tradición judeo-cristiana condenó al suicida negándole incluso un lugar en los cementerios, o asignándoles sitios “de castigo”.

El artículo 83 del Código Penal argentino reprime con prisión, a la persona que instigue a otra a suicidarse o le ayude a cometer el acto, si éste se hubiera consumado, o al menos haya habido tentativa. El artículo 393 del Código Penal chileno castiga con prisión a quien conociendo la intención del suicida le preste auxilio para cometerlo.

Émile Durkheim, sociólogo francés que vivió entre los años 1858 y 1917, vio la tendencia al suicidio como una consecuencia del naciente capitalismo, que inaugura una nueva sociedad con vínculos sociales menos firmes, haciendo que el individuo se encuentre socialmente desprotegido, aislado, se sienta un ser anónimo e insignificante, y con menos vínculos religiosos. Fue en su obra “El suicidio” que publicó en el año 1897 donde hizo esta demostración. Diferenció entre el suicidio egoísta que corresponde al caso antes explicado de falta de integración a la sociedad capitalista; del suicidio altruista, para el supuesto servicio de la comunidad, como los que realizan atentados suicidas por una razón ideológica, como los kamikazes japoneses en la Segunda Guerra Mundial,. También distinguió el suicidio anómico (por el cambio de las normas sociales, por otras nuevas, a las que el individuo se siente ajeno).