Concepto de suspicacia

La palabra suspicacia alude a poseer la cualidad de ser suspicaz, palabra que se deriva del latín “suspĭcax” y a la vez nos remite al verbo “suspicere” término integrado por el prefijo “sub” que alude a algo que está debajo y por el verbo “specere” con el significado de “mirar”. Es por ello que la suspicacia consiste en la aptitud que tiene una persona de observar más allá de lo manifestado, de leer entre líneas, de desconfiar o sospechar, aún de lo que aparece evidente. El suspicaz investiga, indaga, no se conforma con lo que le dicen o muestran; saca a relucir lo oculto, por lo cual es una capacidad con la que se debe contar en ciertas profesionales, especialmente las vinculadas a la investigación, como en el caso del policía, el fiscal, el juez, el abogado o el investigador privado.

Concepto de suspicacia

Si bien la suspicacia es conveniente en el desempeño de las actividades antes mencionadas, vivir con suspicacia o constante sospecha en lo cotidiano, nos vuelve desconfiados y recelosos, lo que es bueno, solo en su justa medida, para que no caigamos en trampas o mentiras, pero se vuelve en nuestra contra si sospechamos de todo y de todos, pues viviremos con una preocupación de amenazas constantes. La suspicacia extrema puede derivar en un trastorno paranoico de la personalidad. Ejemplo de suspicacia positiva: “El niño es muy suspicaz, no se queda con la explicación de la maestra sino que investiga los temas por su cuenta”. Ejemplo de suspicacia negativa: “Su suspicacia es extrema, desconfía tanto de su novia que la sigue a todas partes”.

Existen ciertas actitudes que generan suspicacias o sospechas en los demás, como mantener secretos dentro de un grupo cerrado, hacer viajes y no decir adonde, tener en una casa habitaciones siempre cerradas bajo llave, etcétera. Ejemplo: “Todos hablan del patrón de la empresa que se encierra con su secretaria en el despacho a puertas cerradas; no hay que ser demasiado suspicaz para imaginar lo que allí sucede”.