Concepto de tacto

Proveniente etimológicamente del latín “tactus”, como resultado de la acción del verbo “tangere” que significa tocar, se usa la palabra tacto, para hacer referencia a lo que nos proporciona sensaciones táctiles (percibimos suavidad, dureza, aspereza, rugosidad, etcétera) térmicas (frío-calor) y de dolor. Estos receptores táctiles se encuentran distribuidos por toda la piel y en las mucosas externas, con receptores específicos para cada una.

En la piel (en el tejido celular subcutáneo, en las articulaciones y en el mesenterio) podemos hallar los corpúsculos de Pacini, de forma ovoide, de naturaleza conjuntiva, constituidos por láminas concéntricas, dentro de las cuales se aloja una fibra nerviosa, y son sensibles a la presión.

Concepto de tacto

En la cima de las papilas dérmicas, encontramos los corpúsculos de Meissner, de naturaleza conjuntiva y de forma elipsoidal; y son órganos de sensibilidad táctil propiamente dichos.

Los receptores del frío son los corpúsculos de Krause, ubicados cerca de la superficie; y los del calor, los de Ruffini, situados en distintas profundidades y que también reaccionan a estímulos mecánicos y eléctricos. Estos receptores térmicos son terminaciones nerviosas libres de la piel. Otras terminaciones nerviosas poseen receptores del dolor, y pueden estar en la piel o en el interior del cuerpo.

Los receptores sensitivos viajan al cerebro a través de los nervios sensitivos y espinales, y allí son interpretados.

En otro sentido cuando se dice que alguien trató el tema con mucho tacto, significa que lo abordó teniendo en consideración las distintas opiniones sobre el mismo, tratando de no herir subjetividades, especialmente cuando se trata de asuntos polémicos o que pueden lastimar o afectar a quienes escuchan.