Concepto de tensión arterial

La sangre circula a través de las arterias, con dirección a todo el organismo, partiendo desde el corazón. Para realizar ese recorrido la sangre necesita una fuerza que la impulse, llamada tensión arterial. Esa fuerza debe ubicarse dentro de valores considerados normales para que no se produzcan efectos indeseables.

Cuando en un organismo humano adulto la tensión arterial supera aproximadamente los 140-90 mmHg (máxima o sistólica y mínima o diastólica, respectivamente) estamos frente a un cuadro de hipertensión arterial, que debe persistir luego de varias mediciones, para que se considere que debe tratarse. Se emplea para medirla un tensiómetro o esfigmomanómetro, y debe tomarse con el paciente en reposo. Este es un modo de medirla indirecto pero usado habitualmente por no ser cruento. Si se desea una medición directa se debe realizar un cateterismo.

Consumo de sal, estimulantes, actividad física intensa o stress pueden ocasionar subas de tensión ocasionales. Padecer hipertensión es grave, pues puede ocasionar infartos y accidentes cerebro vasculares. En general no da síntomas, aunque a veces suelen presentarse dolor de cabeza, palpitaciones y sangrado nasal.

La diferencia entre la presión sistólica y diastólica se denomina presión de pulso, cuyo aumento se ve asociado a un riesgo cardiovascular alto.

Niveles bajos de tensión arterial provocan también sensaciones desagradables, mareos, desmayos, pero las únicas consecuencias graves para el que las sufre pueden ocurrir como consecuencia de la caída, si se pierde el conocimiento.

La tensión arterial es muy variable de una persona a otra, y también en el mismo individuo. Suele ser más baja en verano, pues el calor provoca dilatación de los vasos sanguíneos.