Concepto de vino

Etimológicamente el vocablo “vino” proviene del latí “vinum”, siendo esta bebida de antiquísimo origen, que incluso muchos remontan a la Prehistoria, al período Neolítico, haciéndolo con uvas fermentadas. Lo conocieron los egipcios, los hebreos, los babilonios, los griegos y los romanos, siendo el dios del vino para los griegos, Dionisio, y para los romanos Baco, vinculado a sus ceremonias religiosas. Sin embargo fue desconocida en la América precolombina. Es una bebida típica de climas mediterráneos.

La uva puede usarse como fruta, o fermentada como vino. Al fermentar los azúcares del jugo de la uva se transforman en alcohol etílico y gas.
En la Edad Media los monjes producían vino y los mejoraron en su calidad, siendo el vino un producto comercial muy importante, pues el agua no era pura, y el vino se usaba como antiséptico.
Poco a poco, luego del advenimiento de la modernidad se comenzó a exigir vinos de superior calidad. A mediados del siglo XVII, el presidente del parlamento de Burdeos, Arnaud de Pontac, concretó esta calidad buscada, añejando los vinos en bodegas.

Luego de la Primera Guerra Mundial aumentó el consumo de vino, y la búsqueda de calidad siguió intensificándose.

La vendimia es la cosecha de la vid y actualmente se realiza con máquinas. Los vinos especiales se realizan con uvas recogidas a mano. De las uvas blanca negra se obtienen vinos blancos. El vino tinto se hace dejando en la elaboración los hollejos de la uva. Para hacer el vino, la uva tiene que aplastarse y prensarse para que se logre mezclar la levadura con el azúcar del fruto, y producirse así, la fermentación. El zumo (mosto) es luego filtrado y vertido en cubas que se colocan en lugares frescos para que el vino desarrolle su sabor. Las personas conocedoras de vinos y supervisoras del proceso de elaboración y comercialización, se denominan enólogos.