Concepto de alarde

La palabra alarde proviene etimológicamente del árabe hispano, aludiendo al desfile de las milicias con exhibición de los soldados que las integraban y sus armamentos, el pase de revista, y la inspección que realizaba un superior jerárquico. También se denominaba alarde a la lista donde constaban los nombres de los soldados y era exhibidos. El soberano medieval solía pasar personalmente o a través de alguno de sus funcionarios reales, revista, cada 1 de mayo, a los miembros de la población masculina comprendida entre los 18 y los 60 años de edad, que eran dueños de tierras o de bienes o pagas (duques, condes, caballeros y hasta vasallos) fiscalizaba el número de sus caballos y armas, y hacía el relevamiento de la cantidad y calidad de ellos para evaluar su fortaleza militar en caso de guerra. El caballero de alarde era aquel que debía mostrase o pasar revista montado en su caballo.

Concepto de alarde

De allí que en sentido amplio y por extensión, se use la palabra alarde para quienes suelen ostentar alguna cualidad, cargo o posesión material que se tenga o se simule detentar. El alarde es una actitud contraria a la modestia y la humildad que caracteriza a las personas extrovertidas, presumidas y vanidosas, que exageran sus virtudes y patrimonio para conseguir algún objetivo o simplemente para despertar en otros, envidia y admiración. Esta actitud en general tiene consecuencias contrarias, como generar desprecio y antipatía. Ejemplos: “Hizo tanto alarde de su fortuna, que le terminaron robando” o “Si tienes una virtud, no alardees de ella, sólo conseguirás opacarla” o “Le hicieron tanto alarde a su fama de galán, que cuando lo conocieron esperaban que sea mucho más atractivo y no pudo conseguir el papel en la película”.