Concepto de aliciente

Proveniente en su etimología del vocablo latino “allicĭentis” la palabra aliciente alude a aquello que resulta atractivo, y que por tal condición sirve de estímulo para realizar ciertas acciones.

Es común usar esta palabra en el ámbito laboral para expresar que un aumento de salario o la obtención de un puesto de mayor jerarquía son alicientes o estímulos para seguir esforzándose en pos de seguir progresando.
Algo similar ocurre con los estudios. Una buena nota, una felicitación del maestro pueden ser aliciente para que el alumno continúe estudiando.

En materia tributaria, cuando se realizan rebajas impositivas a los buenos contribuyentes se es da un aliciente para que prosigan en esa actitud, y no sientan que da lo mismo pagar que no hacerlo.

Cuando se dice “me falta un aliciente” se hace referencia que la persona se halla desmotivada, no encuentra el por qué ni el para que de lo que está haciendo, y lo más probable es que abandone su cometido.

Los alicientes no siempre son externos (provenientes de terceros) como los hasta aquí mencionados. A veces es el propio sujeto el que busca y encuentra alicientes en lo que realiza, ya sea porque le gusta, o porque desea aprender y mejorar para auto superarse.

En el conductismo se recurre a alicientes externos para lograr determinadas conductas (el niño estudia para obtener una buena nota); el cognitivismo se basa más en lograrlos desde la formación de alicientes personales e internalizados por el propio sujeto que debe actuar (el alumno estudia porque desea aprender).