Concepto de altar

La palabra altar reconoce su origen en el latín “altaris” que designa una superficie o plataforma en altura, de “altus” = alto, con sentido religioso, especialmente destinado al sacrificio. Ya en las religiones paganas, politeístas, e incluso entre los judíos monoteístas, se acostumbraba dejar ofrendas u ofrecer sacrificios a sus Dioses en lugares elevados (tablas sostenidas en altura, muebles altos trasladables, piedras apiladas o tierra acumulada).

Los romanos tenían sus altares (“lararium”) en sus casas, en honor a la Diosa Vesta, divinidad del hogar, a la que se le rendía culto bajo el liderazgo del “pater familiae”, y en presencia del fuego sagrado.

Para el cristianismo el altar está íntimamente asociado a la Eucaristía, a la mesa del Señor, como símbolo de amor y resurrección. Las iglesias son construidas para resguardar el altar, conformado por la mesa antes referida, su base y el sagrario. Es además, el ara o piedra consagrada donde se realiza por parte del sacerdote el santo sacrificio de la misa. Las vírgenes y santos son colocados en altares (lugares elevados).

Los novios reciben la bendición sacerdotal en el altar, donde se realiza la misa nupcial. El altar más importante de una iglesia con varias capillas (cada una con su altar) se denomina altar mayor.

En Astronomía, la constelación de ara, según la mitología, evoca el altar donde los dioses, unidos, sellaron un pacto para quitarle el poder a Crono.

En Geografía designa un municipio de México, un volcán de Ecuador y una montaña en Chile.

El nombre Araceli significa “altar celestial”.