Concepto de anglicanismo

Recibe el nombre de anglicanismo la nueva religión inglesa que surgió de la reforma a la religión católica, adoptándose el calvinismo, de la mano de una fuerte monarquía, y a pesar del apoyo a la iglesia católica de la mayoría de la población, formándose iglesias nacionales. Esto ocurrió en el reinado de Eduardo VI, aunque un importante antecedente podemos encontrarlo en el divorcio entre Catalina de Aragón y Enrique VIII donde se rompió el vínculo con el Papa de Roma.

Enrique VIII quien gobernó Inglaterra entre 1509 y 1547, al principio fue crítico de la doctrina luterana, siendo calificado y dignificado como “defensor de la fe”, pero luego se distanció del catolicismo tradicional, viendo la inmensa posibilidad de contar con una iglesia nacional para robustecer su poder y apoderarse de los bienes de la iglesia católica.

Estaba casado con la hija de los Reyes católicos españoles, Catalina de Aragón, de la que quiso divorciarse para casarse con Ana Bolena. El Papa se opuso a concederle el divorcio, ante lo cual el rey desconoció la autoridad del Sumo Pontífice. Esto ocurrió en 1531, actitud que le valió ser excomulgado dos años después.

En 1534 se sancionó la Ley de Supremacía por la cual el rey nombraba a los obispos. Secularizó los bienes eclesiásticos y fue auto proclamado como jefe de la iglesia nacional.

Eduardo VI, su hijo y sucesor, que reinó entre 1547 y 1553 hizo que la iglesia anglicana se acerque al calvinismo. Hubo una restauración del catolicismo con el reinado de María I, pero finalmente el anglicanismo se impuso con Isabel I, que gobernó entre 1558 y 1603, recibiendo los calvinistas ingleses el nombre de puritanos.

Actualmente la iglesia anglicana es la de Inglaterra y las que nacieron de ella, como en Estados Unidos, la Iglesia Episcopal. Cada iglesia es independiente pero está en comunión con el resto de las iglesias anglicanas. En total suman setenta millones de fieles, y es una religión católica pero reformada, considerándose herederos de San Agustín de Canterbury.

El jefe de la iglesia es el rey y no el Papa. Hay jerarquías. Creen en la Biblia como Libro Sagrado y dos sacramentos son considerados fundamentales: el Bautismo y la Eucaristía. No aceptan la adoración de imágenes, pero sí la Santísima Trinidad.