Concepto de apócrifo

En busca del origen de la palabra apócrifo debemos remontarnos al vocablo griego “apokryphos” con el significado de oculto. Del griego pasó al latín como “apocryphus” para ser tomado por nuestro idioma.

Su utilización es muy común en el campo religioso, para designar textos sagrados no dados a conocer (ocultos) al no incluirse en la Biblia, que presuntamente se mantienen en secreto pues contradicen algunas ideas sustanciales del cristianismo, o cuentan hechos fantasiosos o mágicos, o no son demasiados claros en su redacción.

Los evangelios canónicos, por el contrario, pertenecen a algunos de los apóstoles cuya versión se considera verídica como testigos presenciales de lo que vieron y oyeron, y que son los de Juan, Lucas, Mateo y Marcos; los apócrifos no tuvieron reconocimiento por parte de las autoridades eclesiásticas, como parte del canon bíblico.

En 1945 fue hallado en Nag Hammadi (Egipto) un texto conocido como el “Evangelio de Tomás”, que podemos mencionar como ejemplo de Evangelio apócrifo. Vemos en este caso que el Evangelio es atribuido a un apóstol. Otros casos de evangelios apócrifos son designados en virtud de su contenido, como sucede con el “Evangelio de la Verdad”, evangelio gnóstico que consta de cincuenta y tres sentencias.

En cuanto al protestantismo, consideró apócrifos varios libros, que se incluyen en la Biblia católica, recocidos en fecha posterior (deutero-canónicos) y aceptados por el Concilio de Trento.

En otro sentido una obra apócrifa: texto literario, científico, pintura o escritos jurídicos como por ejemplo un testamento; es aquel que aparece como perteneciente a la autoría de alguien, pero esto no es cierto. Lo apócrifo encierra falsedad, en cuanto a su autoría o época de su realización.