Concepto de ardid

Del latín “articus” que designa a quien es conocedor de artes, un ardid, en la actualidad es sinónimo de trampa, treta o engaño que se usa para lograr un fin. Como adjetivo, que se aplicaba a aquel que era astuto o intrépido, ya es un término obsoleto.

Para que un ardid sea eficaz debe ser pensado y ejecutado con astucia e ingenio, dependiendo de la credulidad de aquel o aquellos que pretenden ser engañados: “Debemos preparar un ardid muy elaborado para engañar a nuestros maestros pues ya conocen muchos medios que empleamos para hacer trampas en nuestros exámenes”, “El ardid de los ladrones de Banco fue muy básico y los atraparon enseguida”, “Le ha fallado el ardid, ya que descubrí su engaño”, “El pícaro contador, arregló con un ardid los balances de la empresa, para que tributara menos al Fisco” o “Engañaron a todo el ejército enemigo con un ardid bien planeado”.

Concepto de ardid

En Derecho, cuando alguien usa ardides para obtener sus propósitos obligando a otro a hacer algo que de lo contrario no hubiera hecho, por ejemplo, celebrar un contrato, se dice que actuó con dolo, lo que hace que el acto pueda anularse.

No siempre tienen finalidades ilegales o mezquinas, dependiendo del fin perseguido. En ocasiones se necesitan estrategias de este tipo para ganar en juegos que emplean engaños de modo permitido, por ejemplo en el juego de naipes conocido como “truco”.

Son muy frecuentes en las maniobras políticas y en las guerras, intentando retener el poder o desconcertar al enemigo, respectivamente. Ejemplo del primer caso es la llamada Farsa de Bayona, que tuvo lugar el 5 de mayo de 1808, donde los franceses, tras haber logrado el permiso del rey de España para pasar por su territorio hacia Portugal, lograron con un ardid que renunciaran Carlos IV y Fernando VII (monarcas españoles que eran padre e hijo) para permitir la coronación de Napoleón Bonaparte, que a su vez le cedió el poder a su hermano José; y del segundo, el reconocimiento de los pasos hacia Chile que hizo el general San Martín tras la declaración de la Independencia en 1816, mandando un parlamentario con el Acta de la Independencia pero cuyo real objetivo era ver cual de los pasos era el más seguro (el de los Patos o el de Uspallata)

Ardid, es también el apellido de un ajedrecista, médico y escritor español, cuyo nombre completo es Ramón Rey Ardid (1903-1988).