Concepto de aspersión

La palabra aspersión se originó en el latín “aspersio”, vocablo integrado por el prefijo “ad” que indica “hacia” y por el verbo “spargere” que puede traducirse como “desparramar”.

Aspersión hace referencia a rociar con pequeñas gotas, esparcir. Se aplica en los siguientes contextos:

Como sistema de riego:

La aspersión consiste en regar imitando el modo en que caen las gotas de lluvia, con lo que se logra economizar el agua, que es un preciado y escaso recurso natural, y las plantas reciben el agua de un menos agresivo, que cuando obtienen el agua a través de surcos o inundando el terreno. Este sistema de riego permite ser programado y se hace en forma de lluvia de regular intensidad

En este caso se emplean para regar, aspersores, que son unos pulverizadores, hacia los que llega el agua desde tuberías, se contiene en un depósito, y luego asciende por presión, saliendo en forma de gotas de variable intensidad según la necesidad de las especies a cuyo riego esté destinada. Si la superficie que se desea regar es pequeña el aspersor puede instalarse directamente en el extremo de la manguera. Muy recomendable para césped.

Como desventajas, pueden mencionarse: el alto costo de instalación; y la posibilidad de provocar daño a aquellas hojas o flores a las que el impacto del agua pueda afectar, tanto en forma directa como propiciando que se instalen hongos sobre el follaje húmedo.

En religión:

La aspersión es un rito que practicaban los paganos (egipcios, etruscos y griegos entre otros pueblos) que consistía en rociar con agua lustral (la que era la que habían utilizado para apagar el fuego de los sacrificios) para santificar a personas u objetos. También usaron la aspersión con agua, con el mismo fin de purificación, la religión judía, que lo hacía valiéndose de una rama de hisopo, y luego pasó al cristianismo. En el siglo I, San Clemente usaba para las aspersiones una mezcla de agua con aceite. El aceite fue reemplazado por sal un siglo después, siempre bendiciendo el agua con oraciones. Se emplea principalmente en el rito del bautismo y en el de la extremaunción, aunque también pueden de este modo purificarse altares, construcciones, etcétera.

Con respecto al bautismo, al principio se practicaba por inmersión total del cuerpo en el agua, pero luego desde el siglo II en Roma fueron practicando el bautismo por aspersión, salpicando agua, que hoy solo se practica entre los católicos en los casos en que no puede hacerse por derramamiento. Otras religiones cristianas no católicas siguen usando el bautismo por inmersión, no aceptando el por aspersión ni el por derramamiento.