Concepto de barbero

La palabra barbero, de origen latino alude al oficio que desempeña una persona que se encarga de cortar la barba, que significa el pelo facial, que en los hombres crece en la zona del mentón extendiéndose hacia las mejillas. Es una profesión muy antigua a la que griegos y romanos de clases privilegiadas podían recurrir (se llamaron esquiladores) cumpliendo las funciones que actualmente tiene un peluquero, ya que además de la barba, se ocupaban de lavar y cortar los cabellos y bigotes, y rasurar el cuello y patillas, siguiendo la moda de la época de lucir el cabello corto y prolijo, y la barba de igual modo, utilizando tijeras y navajas. Algunos, además, arreglaban las uñas de manos y pies. El trabajo de barbero estaba en general a cargo de esclavos y en menor medida, de plebeyos, que pasaron de ejercer su profesión en las calles, a establecer elegantes tiendas.

Cumplían una función estética de embellecer al sexo masculino, aunque en el medioevo se convirtieron en cirujanos de intervenciones quirúrgicas menores, cuando les fue prohibido a los monjes ejercer prácticas médicas. Su labor era especialmente a nivel odontológico. Otra tarea común era efectuar sangrías (retirar sangre del cuerpo enfermo para sanarlo). Su incursión en el campo quirúrgico comienza a decaer con el surgimiento de las universidades, a partir del siglo XIII, apareciendo por ejemplo, la odontología como profesión que exigía estudios y certificados habilitantes, a partir del siglo XVIII.

En el siglo XIX la comedia “El barbero de Sevilla” de Pierre-Augustin de Beaumarchais, fue representada en el teatro como opera bufa, con música de Gioachino Rossini. El barbero llamado Fígaro de gran renombre, ayuda a una pareja formada por Rossina y su pretendiente el conde Almaiva, a poder concretar su obstaculizada relación.