Concepto de cárcel

Rastreando el origen de la palabra cárcel, lo hallamos en el término latino “carceris” con el significado de “barrotes”, designándose en la antigüedad romana con él, a todo recinto o pieza cerrado con barrotes o rejas, como por ejemplo, los espacios subterráneos donde se encerraban a las fieras antes de salir a la arena en el circo.

Las cárceles en el sentido moderno, como prisiones separadas del mundo exterior, para que los reos procesados por delitos graves no excarcelables o condenados, estén seguros y no dañen a terceros, bajo el control estatal y regidos por normas específicas, no existieron antes de la Revolución Francesa. Antes eran para castigo pero en general con carácter temporal, en condiciones miserables, ya que se prefería azotarlos, matarlos o venderlos como esclavos para no generar erogaciones al Estado. En Egipto, por ejemplo, las cárceles eran mazmorras bajo tierra donde se encerraban a todo tipo de personas: mendigos, enfermos mentales, mujeres, niños, etcétera. En la Antigua Roma si bien había también lugares similares, había también leyes que permitían tomar al deudor que no pagaba previa sentencia judicial condenatoria y llevarlo a la casa del acreedor que se convertía en su prisión hasta que pagara o fuera vendido como esclavo.

Concepto de cárcel

En el año 1166, el rey de Inglaterra, Enrique II, construyó una prisión que podría ser un antecedente primario de los que hoy conocemos como cárcel, en Claredón. Una cárcel que la historia recuerda por su simbolismo trágico de la Revolución Francesa fue la Bastilla, ubicada en París, que en sus orígenes había sido una fortaleza y que el cardenal Richelieu transformó en cárcel.

En estas cárceles no había ninguna garantía para los presos, que no necesitaban tener un juicio justo para ser encerrados y no podían reclamar ningún derecho. En la actualidad no se puede enviar a nadie a la cárcel sin una decisión judicial fundada, de lo contrario el detenido en forma arbitraria puede solicitar un Habeas Corpus. A pesar de que el sistema carcelario ha evolucionado considerándose a los privados de libertad como sujetos con dignidad y derechos, aún subsisten graves falencias que no garantizan la reinserción social positiva de los recluidos una vez liberados.

Por extensión se llama cárcel a todo aquello que nos mantiene alejados del goce pleno de nuestra libertad, por ejemplo: “La depresión que padezco se ha convertido en una cárcel para mí, ya que no tengo voluntad de levantarme de mi cama”.