Concepto de engaño

La palabra engaño proviene en su etimología del latín “ingannare” que alude al resultado de la acción de aquel que se burla de otro. Quien engaña hace que algo mentiroso, ajeno a la realidad aparezca como cierto. El engaño es afirmar una falsedad o mentira con un propósito deliberado de hacer caer al otro en el error. La mentira puede no ser intencional, por ejemplo alguien comenta haber presenciado un hecho, que en realidad imaginó o soñó, pero lo dice convencido de que sucedió, aunque ello no ocurriera en la práctica. En este caso hubo mentira pues se falseó la realidad, pero no engaño.

Los engaños pueden darse en múltiples órdenes de la vida. Ejemplos: “mi novio, fue infiel, me engañó con mi compañera de trabajo”, “Fui víctima de un engaño, un hombre se hizo pasar por mi verdadero padre”, “me engañaron vendiéndome un producto parecido al que necesitaba, pero de calidad muy inferior”. Sin embargo, hay ciertos engaños, que a pesar de ser siempre dolosos (intencionales) se hacen por motivos nobles: “engañé a mi hijo para que no sufriera la muerte de su parte de un modo tan cruel, le dije que estaba de viaje, e iré diciéndole la verdad de a poco”.

El filósofo Platón, en su “alegoría de la caverna”, demostró el modo en que la realidad sensible puede resultar engañosa, pues describe la situación de un grupo humano dentro de una caverna de la que nunca salieron, y atados, de modo que solo pueden observar una pared interna, donde se proyectan las imágenes de otros hombres que circulan en el exterior iluminados por una hoguera, proyectándose sus figuras en la pared que los cavernícolas observan, tomando éstos, como reales, las sombras que esos cuerpos dibujan, que son diferentes a la realidad.

El engaño puede ser fuente de delitos, si lo actuado coincide con los descrito por la norma penal, por ejemplo en las estafas y otras defraudaciones.