Concepto de fábula

Si rastreamos en el origen etimológico del término fábula, nos encontramos con el latín “fabûla” que a su vez se derivó del verbo “fabulare” con el significado de “hablar” o “conversar”. También fábula era la denominación que se otorgaba a las obras de teatro.

Seguramente en un principio, lo que hoy conocemos literariamente como fábulas, o sea, relatos de poco extensión que terminan con una enseñanza o moraleja, fueron transmitidos oralmente, y de allí la denominación.

Concepto de fábula

Este estilo narrativo es muy antiguo. Los pueblos mesopotámicos dejaron registros de sus fábulas que datan de cuatro mil años atrás, grabadas en tablas de arcilla, aunque sin una apreciación explícita del sentido de justicia, que sí se encuentra en las fábulas griegas de Hesíodo del siglo VII antes de la era cristiana y principalmente en las de Esopo, un legendario esclavo, luego liberado, que vivió probablemente hacia el año 600 antes de Cristo, cuyas fábulas fueron objeto de varias recopilaciones: seguramente muchos de estos títulos de fábulas les serán muy conocidos y pertenecen a Esopo “El pastorcito mentiroso”, “El león y el ratón”, “La zorra y la cigüeña” o “El cuervo y la zorra”. Aristóteles lo consideró una herramienta retórica por su capacidad persuasiva, y no un género literario. Sin embargo, las fábulas no detuvieron su creación y el español Tomás de Iriarte (1750-1791) escribió en 1782 “Fábulas literarias en verso castellano” y Félix M. Samaniego (1745-1801) fue un exponente muy importante que llevó a las fábulas a su máxima expresión, ridiculizando en ellas los defectos de los seres humanos y realizando solapadamente una crítica no solo humana individual, sino social y política. Están escritas en prosa verseada, con finalidad docente. Son algunas de sus fábulas: “La cigarra y la hormiga” y “La zorra y las uvas”.

Los personajes de las fábulas son generalmente animales u objetos personificados, que mediante diálogos se cuestionan sus actitudes, para finalmente triunfar en la argumentación o en los hechos que vivencian, el que asume una posición más correcta, ética y equitativa. Son muy valiosas para que los niños y las personas en general, aprendan valores, aunque fueron cuestionadas como aporte educativo por autores de la talla de Rousseau, iluminista del siglo XVIII, pues según este autor en muchos casos plantean una moral equivocada y alejada de la capacidad de comprensión de los pequeños. Se trata de lograr una identificación con el personaje noble de la fábula y rechazo hacia el vicioso, para concluir que una vida recta trae mayores satisfacciones.