Concepto de fracaso

La palabra fracaso proviene del bajo latín y del italiano “fracassare” queriendo significar algo destrozado. Se emplea con una connotación profundamente negativa cuando no se cumplen las metas proyectadas o soñadas que nos conducirían al éxito. Esto puede deberse a nuestros propios errores o limitaciones, o al entorno, que puede resultar no satisfactorio a los planes.

Los fracasos pueden ser de índole laboral, de capacitación, sentimentales, etcétera, y su calificación de tales es muy subjetiva, y tiene que ver con los objetivos que se traza cada uno, o de lo que los demás esperan. Por ejemplo, alguien que tiene un trabajo modesto puede sentirse muy a gusto en él, y creerse exitoso por tener trabajo, una buena relación con sus jefes y compañeros; y otros más ambiciosos o mal intencionados, pueden considerar que al no ser un empleo prestigioso, fracasó laboralmente.

Entendiendo el fracaso como destrucción o aniquilamiento podremos evitarlo, si consideramos que cada resultado adverso nos abre una nueva oportunidad, y no nos quedamos con la frustración. Eso nos permitirá no vivenciarlo como fracaso sino solo como experiencia, que nos sirva para cambiar nuestros planes iniciales, tal vez por otros, no menos favorables. Como no se puede triunfar siempre, es aconsejable el manejo de este sentimiento, ya que puede desembocar en depresión.

Quien reprueba un examen puede sentir que fracasó, que es un inútil, que no sirve para estudiar, o atribuirlo a su mala suerte; o buscar las causas reales de su mal desempeño para mejorar, y que la próxima vez sea exitoso (cambiar el método de estudio, dedicar más horas, etcétera).