Concepto de idolatría

La idolatría, palabra de origen griego, proviene de “eidolatria”, y es la práctica de adorar a ídolos (seres humanos u otros vivientes, fenómenos naturales o cosas) representándolos figurativamente y/o rindiéndoles culto.

El Antiguo Testamento cuenta que el pueblo de Israel, cansado de esperar el regreso de Moisés que había subido al Monte Sinaí, donde le serían entregados los 10 Mandamientos, se reunió junto a Aarón (hermano de Moisés) a quien le entregaron oro con el que fabricó un becerro, que se convirtió en objeto de veneración o idolatría, al ser honrado con rezos, cantos, danzas y sacrificios, por parte del pueblo, y al que creían necesitar como guía espiritual ante la tardanza de Moisés. Esta actitud provocó un gran enojo de Dios, y el becerro fue destruido por Moisés.

Como puede observarse la idolatría es religiosamente condenada por las religiones monoteístas, quienes prohíben adorar imágenes. Los católicos cuentan con imágenes en sus iglesias, pero son representaciones de quienes se consideran vírgenes y santos, y no falsas deidades, que intentan reemplazar a Dios, como el becerro de oro de Aarón.

Cuando los europeos arribaron a América, condenaron la religión de los pueblos aborígenes y la consideraron idolatría, siendo esta acusación uno de los cargos imputados al jefe Atahualpa, a quien Pizarro condenó a muerte, aunque Colón, a partir de su primer contacto con la población autóctona, en un documento enviado a España expresaba que estos individuos no tenían secta ni idolatría.

También se usa para designar a todo amor incondicional y extremo, ya sea por otro o por uno mismo. La idolatría del cuerpo se muestra cuando nos colocamos adornos excesivos, tatuajes, y a veces puede perjudicarlo, como cuando se lo somete a dietas tan rigurosas para encajar en el modelo de belleza impuesta, que terminamos condenándolo al dolor y a la enfermedad.