Concepto de ignorancia

El origen de la palabra ignorancia nos remite al latín “ignorantia”, término compuesto por el prefijo privativo “in” y por el verbo “gnoscere” que puede traducirse como “conocer”. A esto se le agrega el sufijo de cualidad “ia”.

La ignorancia es un estado de vacío mental, significa la falta de conocimiento sobre uno o más asuntos, ya que es casi imposible que alguien tenga una ignorancia absoluta, salvo al nacer, que según muchos filósofos empiristas, como Aristóteles, John Locke o Santo Tomás de Aquino, es el momento en que la mente es una “tábula rasa” que ignora todo hecho y se va llenando, quitando su ignorancia a lo largo de las experiencias vitales.

Concepto de ignorancia

La ignorancia es ausencia de conocimiento y en esto se diferencia del error, que es tener un saber, pero falso.

Todos somos ignorantes sobre algunas cuestiones, ya que el conocimiento en la actualidad es tan vasto, que es imposible que existan sabios, como los hubo en Atenas (Grecia). En esta época, la sabiduría o falta de ignorancia era un privilegio reservado a los filósofos. Según Platón solo ellos tenían acceso al mundo de las ideas, donde se encontraba lo verdadero. Para este filósofo la causa del mal, es la ignorancia.

Actualmente, si bien nadie puede saberlo todo, y debemos reconocer que el conjunto de los mortales somos ignorantes en muchos aspectos, llamar a alguien ignorante, es una descalificación, que supone considerarlo ajeno a ciertos conocimientos mínimos y básicos que todo adulto educado debería tener.

Ejemplos de uso: “Mi ignorancia sobre el idioma chino es total, no sé ni siquiera saludar en esa lengua”, “Es de ignorante recurrir a un curandero cuando estás enfermo”, “No seas ignorante, debes mandar a tu hijo a la escuela, para que progrese en su futuro” o “Si bien sé mucho de ciencias, mi ignorancia en temas de actualidad es casi completa”.

En el ámbito del Derecho, la ignorancia de las leyes (manifestar no conocerlas) no es motivo de exención de su cumplimiento ni exonera de responsabilidad, ya que se consideran sin excepción o prueba en contrario, conocidas por todos a partir de que son publicadas, del modo previsto legalmente. En la Antigua Roma la ignorancia del Derecho podía eximir de responsabilidad en casos puntuales, como en los casos de que se tratara de soldados, rústicos o mujeres.