Concepto de martirio

La palabra martirio proviene en su etimología del griego, de donde pasó al latín como “martyrium”, y cuyo significado es dar testimonio. En el ámbito cristiano el martirio es el que sufrieron quienes por dar testimonio de esa fe, perdieron la vida, en muchos casos previa tortura, durante la época del Imperio Romano en que se los persiguió por estar en contra de los intereses del paganismo que justificaba investir al gobernante con la calidad de Dios. El propio Cristo debió sufrir el martirio, siendo testigo en la Tierra de la existencia de Dios, y sufriendo por ello, conduciendo agónicamente su propia cruz hacia el calvario. Los martirios fueron frecuentes no solo antes de su muerte sino por mucho tiempo después. El emperador Nerón fue uno de los más famosos perseguidores de cristianos. Lo siguieron entre otros, Trajano, Marco Aurelio y Diocleciano. El emperador Constantino se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte, y Teodosio oficializó esa fe en el siglo IV.

Para los terroristas islámicos quienes brindan su vida para realizar un atentado suicida son mártires de su fe, pues lo han hecho para defenderla contra los supuestos atacantes.

Este concepto nacido en el ámbito religioso se extendió a todos aquellos que han sufrido graves consecuencias para defensa de sus ideales, y aún para quienes padecen a consecuencia de un trabajo muy sacrificado: “la exigencia de mi jefe es tanta, que mis labores se transforman en un martirio”, o una enfermedad dolorosa: “La enfermedad no me deja un minuto de paz. Es un martirio”.