Concepto de masculinidad

Así como los conceptos de macho y de hembra se basan en características biológicas de los seres que integran el mundo animal, incluyendo al humano, para quienes se reserva las denominaciones de hombre y mujer; la masculinidad es un concepto socialmente construido para atribuir determinados rasgos a quienes son varones u hombres por obra de la naturaleza (tienen genitales masculinos).

Los varones son por lo general de contextura física más fuerte que las mujeres y en sus rasgos de personalidad suelen ser más agresivos físicamente y más competitivos; y esto generó que desde los primeros tiempos de la humanidad, la sociedad le asignara al varón determinados roles y una posición de poder que si bien lo colocó en una situación de dominación con relación a las mujeres de la especie, también lo condicionó a cumplir las expectativas sociales que se crearon frente a esta idea de la masculinidad: “los hombres no deben llorar”, “los hombres son jefes de familia y deben proveer a las necesidades del hogar”, “debes ser valiente, el temor es cosa de mujeres” etcétera, lo que les generó una gran presión que no todos podían cumplir sin dejar de sentirse varones.

Concepto de masculinidad

Las familias basadas en esos prejuicios en torno a lo que significaba ser “masculino” educaron a sus hijos varones en esos valores, y así fueron arraigando un concepto de masculinidad o virilidad asociado con la fuerza y el poder, lo que desencadenó en ideas machistas, que al exaltar el rol del miembro masculino de la especie, relegaron a las féminas a una posición social secundaria, de criar hombres fuertes a quienes deberían servir; y mujeres sanas que engendraran hombres dominantes, especialmente en un mundo donde las guerras eran habituales, y los hombres eran quienes defendían a su patria.

Por suerte, desde la modernidad y por influencia indirecta del Iluminismo del siglo XVIII, la mujer ha ido conquistando terreno en el plano social, económico y político; y el hombre comenzó a sentir que él también podía sin dejar de ser “masculino” involucrarse en ciertas áreas antes reservadas a la mujeres: atender el hogar, los niños, manifestar sus emociones con libertad, etcétera.