Concepto de predestinación

La palabra predestinación proviene etimológicamente del vocablo griego “pro-or-id'zo”, de allí pasó al latín como “praedestinare”, y significa que existe un plan en la Creación Divina por el cual todo lo que sucede en el mundo y en la vida personal de cada uno ya está concebido y fatalmente sucederá, contrariamente a la teoría del libre albedrío por la cual cada uno arma a voluntad su destino.

Por la predestinación algunos elegidos están destinados a la Salvación eterna y otros no, lo que está incluido en numerosos pasajes bíblicos, pero que fue sujeto a diferentes interpretaciones por católicos, que aceptan que Dios lo sabe todo, pero deja actuar al hombre en virtud de su voluntad; y el protestantismo.

Los protestantes luteranos sostienen que solo la fe y no sus acciones salvaban al hombre, esas buenas obras son los indicadores de que Dios le ha otorgado la gracia. Dentro de esta última concepción, Juan Calvino (primero refugiado en Francia a causa de sus ideas luteranas y luego radicado en Ginebra) acentuó el elemento de la predestinación en su doctrina calvinista, conocida como de “doble predestinación” expresó que el hombre no es libre, y no solo no lo salvarían sus obras sino tampoco su fe; solo Dios lo haría si estaba predestinado a ello; pero que podía comprender si era uno de los elegidos por su actuación, ya que supuestamente solo los buenos eran llamados a la Salvación. Es por ello, que los burgueses en general y los suizos en particular aceptaron de buen grado el calvinismo pues veían en sus logros y éxitos materiales una señal de que ellos eran premiados por estar entre los elegidos. Incluso los gobernantes estarían predestinados a mandar.

La iglesia católica, en el Concilio de Trento, fijó su posición sobre el tema: Para salvarse es necesaria la cooperación divina, pero es sumamente importante para ello, la fe y las acciones bondadosas.
Los musulmanes también creen en la predestinación, ya que para ellos todo lo que sucede, positivo o negativo es por deseo de Alá.