Concepto de pretexto

El origen de la palabra pretexto lo hallamos en el latín “praetextus”, integrada por “prae” = “antes” y “textus” derivado del verbo “texere” con el significado de “tejer”. Se aplicaba en la antiguedad a los tejidos o bordados que se colocaban sobre otros tramados, protegiéndolos o enmascarándolos. En la Antigua Roma luego se diferenció el “praetextum” que se siguió aplicando al bordado sobre los tejidos, del “praetextus”, que se extendió a todo aquello que sirviera para simular una situación, que se usara de excusa para resguardar otro evento.

Concepto de pretexto

En la actualidad un pretexto es una excusa, un motivo que se expone para explicar por qué se hizo algo: “No uses como pretexto que mentiste porque tu padre te obligó a hacerlo, eres suficientemente adulto para decidir por tú mismo” o para no hacer algo: “me dices que llegaste tarde porque tu casa se inundó. Para que no crea que es solo un pretexto muéstrame fotografías o el presupuesto de un plomero, ya que no ha llovido para nada”. Los pretextos son argumentaciones mentirosas que pretenden eximir a la persona de su culpabilidad en algún hecho que cause daño o dolor físico o moral.

Quien pone un pretexto está tratando de manipular a otra persona, para hacerle cambiar una opinión o una decisión, que lo perjudicaría si no hubiera una razón para su acción u omisión. También se usan para poder tomar decisiones impopulares, crueles o negativas en general. Ejemplos: “el crimen del archiduque Francisco Fernando fue el pretexto para que estallara el primer conflicto bélico de alcance mundial” o “con el pretexto de evangelizar a los aborígenes se los usó como mano de obra servil o se los mató, durante la conquista española”. A veces los pretextos son más inocentes y positivos: “usé como pretexto hacer juntas la tarea, pero en realidad quise venir a pedirte disculpas” o “no quiero ser tu amigo, mi pretexto es que estoy enamorado de tí”.