Concepto de pulcro

Del latín “pulcher” que significa bello, en la actualidad designa en nuestro idioma, a una persona que cuida de su aseo personal y/o el de sus cosas y también a quien es prolijo y educado para actuar y hablar. Serían sus opuestos lo desprolijo y lo sucio. Ejemplo: “Juan es un ejemplo de pulcritud: siempre bien peinado, limpio y prolijo en su persona, y ordenado y cuidadoso en sus elementos de trabajo”.

No debemos confundir ser pulcro con ser ostentoso, alguien puede ser humilde y vestir ropas sumamente sencillas, pero limpias y prolijas, bañarse diariamente, lavarse los dientes luego de cada comida, peinarse prolijamente, y esto lo hace pulcro; y viceversa un sucio, por más que se adorne suntuosamente no gozará de ese atributo.

Un lenguaje pulcro es el que está libre de palabras groseras, insultos, y se emplea con toda la riqueza que el idioma permite.

En cuanto a la actitud, alguien es pulcro cuando es cortés, refinado y atento. Un alma pulcra es la que está libre de pecados.

Las cosa pulcras son las que están hechas en forma prolija, fina; son delicadas y limpias.

Como todo, los extremos son malos, ya que si bien ser pulcro es un valor moral, y una cualidad socialmente apreciada (ya que quienes no son pulcros en general son objeto de críticas y hasta de rechazo del entorno); un exceso de pulcritud, en general enfocado en un solo aspecto, puede constituirse en una obsesión, por ejemplo un ama de casa demasiado pulcra, dedicará casi todo su tiempo a limpiar su vivienda, descuidando su vida emocional, familiar y su propia persona.

Fue un cognomen utilizado para identificar a ciertas familias romanas, por ejemplo Apio Claudio Pulcro o Publio Clodio Pulcro.